SANTIAGO EL OCULTO

La ruta jacobea culmina en Santiago de Compostela, pero en los Pirineos se halla otra ciudad, Jaca, cuya importancia desde la antigüedad ha sido sistemáticamente infravalorada en el papel del Camino. Las causas residen en el remoto origen pagano de esta ruta y en la común raíz de las palabras Santiago y Jaca que, aunque aparentemente distintas, emanan de la misma fuente y significado: Iaco/Baco, el dios romano que sucedió al griego Dionisos.


22.01.2009
Texto: Jaume Cluet
Fotos: Josep Mª Roselló

La tradición cristiana señala al apóstol como el evangelizador de la península, pero las primitivas fuentes históricas dejan bien a las claras que fueron las primeras comunidades de la iglesia norte-africana, ubicada dentro del imperio romano, quienes a través de sus emisarios o predicadores realizaron tal labor. El mito del apóstol, su arribada a las costas gallegas y las mil y una proezas relatadas en otras tantas leyendas forman parte de una mítica impulsada por el cristianismo. Otras son las razones de ser por las que existen enclaves como Jaca, Santiago de Compostela y otros aledaños de la ruta jacobea. Los orígenes de todos ellos se pierden en el pasado, en el momento de la irrupción del cristianismo en la antigua Hispania.

¿Qué significado se esconde tras el arquetipo del apóstol Santiago? Lo primero que cabría responder a esa pregunta es que si algo se esconde, es porqué resulta conveniente que permanezca oculto y, en todo caso, aquella parte o fragmento que queda visible –en este caso la leyenda de Santiago–, se nos muestra debidamente adaptada, cumpliendo el principio del sincrético o de asimilación, estrategias éstas, harto empleadas por todas las religiones a lo largo de la historia para adaptarlas a nuevos planteamientos religiosos y teológicos.

Ir a capítulo:  Siguiente