MEGALITOS DE BRETAÑA

En los tiempos en que la piedra era un elemento sagrado de la naturaleza, el ser humano se dedicó en cuerpo y alma a erigir megalitos. En la Bretaña francesa se concentran una gran cantidad de ellos, algunos de un tamaño desmesurado, hasta el punto que se diría que fueron construidos por gigantes


13.01.2009 Texto y fotos: LUIS ABENGOA

Bretaña es acaso uno de los lugares del mundo con mayor densidad de monumentos megalíticos. A tal profusión, hay que añadir que algunos de ellos poseen una característica muy peculiar respecto a los de otros lugares del mundo: su espectacular tamaño. Observar estas moles de piedra inertes obliga a un ejercicio de imaginación que no deja indiferente, cuando uno piensa de qué forma y con qué técnica los humanos de hace cinco o seis mil años las erigieron y les dieron forma.

Aunque las dificultades que planteó su construcción están siendo explicadas con argumentos, en apariencia incontestables, siempre subyacen cuestiones como el peso, el tamaño y sobre todo el traslado, pues sabemos que muchos de estos megalitos fueron traídos desde lugares lejanos para ser asentados donde hoy lo vemos, con la intención de que así permanecieran eternamente.

El hecho de que Bretaña albergue bloques de piedra tallados por la mano del hombre, en tamaños como los que aquí se pueden admirar, a diferencia de otros lugares del mundo donde eso no sucede con la misma asiduidad, responde, precisamente, a factores como el peso y el volumen con el propósito de que éstos trascendieran el paso de las épocas. Por ello, sus constructores no ahorraron esfuerzos para legar estos vestigios al futuro. Esa intencionalidad es lo que ha impedido que estos monumentos hayan sido desmantelados.

Como si de un sistema de seguridad se tratara, los megalitos de Bretaña fueron construidos de manera que su eliminación constituyera un problema; y así ha sido. Aunque hay que decir que otras piedras de menor tamaño subsistieron, quizá gracias al desinterés, a la confusión o a que simplemente no estorbaban en los campos de cultivo, o acaso sirvieran para delimitar un terreno o para atar en ellos alguna ganadería.

En otros lugares de Europa, la labor de destrucción de la memoria histórica a cargo de diversos agentes (Iglesia, material de construcción, terrenos agrícolas y de pasto, etc.) ha resultado ser implacable, frente a magnitudes mucho menores que las que aquí se dieron. Por ello solo un mínimo porcentaje de esas construcciones se ha acabado salvando.

Pero más allá de las magnitudes que arrojan estos colosos de piedra en Bretaña, otras intenciones albergaron sus constructores. Al respecto, las teorías son diversas, algunas variopintas, otras parecen acercarse a tesis más posibilistas. Sin duda, la razón de ser de los megalitos bretones y de otras partes del mundo, obedece a cuestiones místicas y espirituales, sin menoscabo de que albergaran funciones de calendario, tesis que parece explicar los alineamientos de lugares como Carnac.

Las sociedades humanas que los erigieron idearon esa forma de homenaje a las fuerzas de la naturaleza, de las cuales dependían, y que representaban para ellos todo un misterio. El Sol, la Luna, el firmamento, el verano, el invierno o el milagro de la vida expresado en cosechas o la llegada al mundo de animales o seres humanos eran algunas de esas fuerzas.

No hay duda que los megalitos fueron centro de reunión, donde se profesaron cultos, liturgias y rituales ligados a la suerte, la fecundidad o la fertilidad de la tierra y en algunos casos fueron la postrera morada de algunos de aquellos hombres y mujeres de hace 5.000 años.

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