MARRUECOS

En los últimos años, turistas y viajeros hablan excelencias de un país que sorprende por sus marcados contrastes y por la belleza de un paisaje inesperado. Marruecos nos espera con sus evocadores espacios, colores, aromas y sonidos para maravillar nuestros sentidos


12.01.2009
Texto: ANDREA CALDE
Fotos: OFT MARRUECOS

El territorio que hoy ocupa Marruecos ha estado poblado desde épocas remotas, como testimonian diversos grabados rupestres fechados en la era del Paleolítico y otros innumerables vestigios prehistóricos. Cuando el Mediterráneo se convirtió en la principal vía de comunicación del mundo antiguo, fenicios, cartagineses, bizantinos, romanos y vándalos se instalaron sucesivamente en este territorio antes de la llegada de los árabes en el siglo VII. Un paralelismo que recuerda en muchos casos al que experimentó la Península Ibérica.

Marruecos, en tanto que estado, existe desde el año 788, cuando Idriss I fue proclamado rey en Volubilis. Desde entonces y hasta nuestros días, el trono de Marruecos se halla investido de un halo de tradición y religiosidad, siendo así que a la actual dinastía alhauita se le reconoce una ascendencia que se remonta nada menos que al profeta Mahoma, de tal manera que el rey, además de ostentar ese cargo y título, es el jefe espiritual del país. Mohamed VI, sucesor de Hassan II, es el actual monarca marroquí.

Probablemente sea Marruecos, junto a Turquía, el país árabe más próximo a Occidente, no solo por razones geográficas (14 kilómetros del Estrecho de Gibraltar lo separan de la Península Ibérica), sino porque el país se encamina claramente hacia formas de vida, progreso e infraestructuras, que lo sitúan a caballo entre el sur de Europa y sus vecinos norteafricanos. Y aunque esa sensación es perceptible en todo el ámbito magrebí, acaso sea Marruecos en muchos aspectos una prolongación paisajística del sur de la Península Ibérica, por más que pueda sorprender tal afirmación.

En el aspecto socio-económico, Marruecos es un país que más que andar ya corre hacia el progreso. Un dato revelador corrobora tal afirmación: en un par de décadas Marruecos empezará a acoger no solo turismo a gran escala, sino a residentes e incluso inmigrantes; en este orden de cosas, también la tasa de natalidad (que desciende año tras año) nos ofrece una circunstancia, para bien o para mal, que empieza a parecerse a la de sus vecinos europeos. Ello no quiere decir que sea un signo de modernidad o progreso, sino que es un dato más propio de los países de la ribera norte del Mediterráneo.

Marruecos es, en definitiva, una sorpresa agradablemente inesperada para quien lo visita por primera vez, y un destino que suele repetirse con bastante frecuencia, pues mucho y grato es lo que el país ofrece al visitante.

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