IRLANDA, NACIÓN MILENARIA

EL FUTURO...


Este es el complejo pasado de este sufrido pueblo, que hoy mira hacia adelante y se abre paso en una Europa en la que ahora, irlandeses y británicos forman parte de la C.E.E., son por tanto socios políticos y económicos. La economía de la Irlanda independiente ha dado un giro espectacular al entrar en el llamado Mercado Común y se han visto cosas impensables hasta hace pocas décadas, como la que se promovió al inicio del nuevo siglo XXI, incentivando el retorno de norteamericanos de origen irlandés a la isla o la llegada de importantes multinacionales que se implantaron en Irlanda atraídas por su baja fiscalidad, experimentándose un importante auge económico que solo fue truncado por la crisis global que irrumpió en medio mundo en el año 2008.

Mas no por ello el país se ha visto libre de tensiones, pero han estado más centradas en los aspectos económico y social, tal como ocurre hoy en toda Europa, y mucho menos en el político. Todos estos avances los propició un cambio de mentalidad profundo y modernizante en la sociedad irlandesa, como muestra, la iglesia no tubo mas remedio que aceptar que de la constitución desapareciera la mención que expresaba que el país se hallaba "bajo la protección de la Santísima Trinidad...". En 1990, los irlandeses eligieron como presidenta del país a una mujer, Mery Robinson; en 1993 se despenalizó la homosexualidad y en 1995 se legalizó el divorcio. En casi todos esos aspectos los irlandeses del Sur se han ido equiparando a los del Norte, que se hallan regulados bajo las leyes aún hoy más liberales del Reino Unido e influenciados por una de las economías más poderosas del mundo.

Hoy en las carreteras de la isla no hay fronteras con barreras físicas, ni siquiera es necesario detener el vehículo. Nada obstaculiza el tránsito entre las dos Irlandas ni de personas ni de mercancías, incluso en carreteras secundarias no hay ni siquiera un cartel que advierta que hemos entrado en otro país. Eso no significa que a uno y otro lado de la hoy invisible frontera persistan latentes deseos de reunificación –o todo lo contrario–; o marcadas diferencias entre católicos y protestantes, o que la memoria y la historia no permitan el olvido de todo cuanto ha sucedido aquí durante siglos. Lo cierto es que los nuevos tiempos han alumbrado inimaginables cambios y, finalmente, tras siglos de cruentas disputas, la vieja i bellísima Irlanda, a uno y otro lado de la frontera, siente el poder vivificante de la paz; el futuro seguirá escribiendo los siguientes capítulos de esta nación...

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