IRLANDA, NACIÓN MILENARIA

IRLANDA DEL NORTE


Durante los siglos XVII y XVIII surgieron ciertos partidos nacionalistas que unieron a católicos y protestantes en una causa común: la libertad de Irlanda, con significativas contiendas que siempre se saldaron favorablemente del lado inglés. En el siglo XIX se organizaron importantes movimientos obreros y de resistencia, en especial en Ulster, la zona más industrializada de la isla y una de las más prósperas del Reino Unido, que contrastaban con las graves dificultades que padecía el Sur. Los irlandeses de origen sufrían todo tipo de arbitrariedades; se les prohibía su idioma irlandés –descendiente del antiguo gaélico celta–; también rememorar sus tradiciones o celebrar ritos católicos, pues eran interpretados como un desafío al poder inglés. En toda la isla se impusieron distintas varas de medir la ley y los derechos, según se tratara de irlandeses católicos o protestantes de origen inglés. La situación una herencia de los tiempos de Cromwell, relegando a la población a un status subyugado y sin derecho a réplica.

A mediados de siglo, la situación descrita y una hambruna atroz diezmó a la población. Los que pudieron y se atrevieron emigraron a los EE.UU., donde a la mayoría les esperó un futuro duro pero con mayores oportunidades, los demás no tuvieron más remedio que seguir bajo la férula de los grandes propietarios británicos o, simplemente, dedicarse a sobrevivir, cosa que no siempre lograban. Las secuelas de esa época aún se evidencian hoy en la demografía del país, que en 1840 era de más de ocho millones de personas mientras que en la actualidad, la suma de Irlanda y Ulster no alcanza los seis millones y medio.

La situación se volvía más compleja día a día, así nuevos movimientos patrióticos irlandeses, de tintes progresistas y de izquierdas se hallaron frente a la oposición de la propia iglesia católica irlandesa, temerosa de perder su poder de influencia sobre la población y de la propagación de ideas contrarias a los postulados católicos; era en verdad una rivalidad entre irlandeses, los que luchaban para que la población siguiera los designios de la iglesia católica, frente a los que querían ir mucho más allá del aspecto religioso y sobrepasarlo.

En 1916 y a raíz del Alazamiento de Pascua por parte de los católicos (que concluyó en un baño de sangre), se creó el Ejército Republicano Irlandés, mas conocido internacionalmente como I.R.A. Su objetivo era sacudirse el dominio británico y crear un estado independiente irlandés en la isla a través de la lucha armada. Su brazo político, el Sinn Féin, ganó unas elecciones en 1918, pero antes y después de ese año, el hostigamiento del I.R.A contra los británicos, fue tan intenso y duro que en 1921 Londres pactó un tratado en el que se dividía la isla en dos zonas; al Noreste el actual Ulster –ya entonces de mayoría protestante–, que pasó a denominarse Irlanda del Norte y al Sur el resto de la isla de mayoría católica, al que se le concedió un estatus de semi-independencia con un parlamento propio pero supeditado a un juramento de lealtad a la corona británica, suscitando un proceso que acabaría proclamando un estado libre irlandés dentro de la Commonwealth británica.

Pero las cosas no quedaron así y muchos irlandeses del norte y del sur, anhelaban una Irlanda unida y libre de británicos, mientras que los partidarios del tratado consideraron que no se podía dejar escapar la oportunidad después de siglos, de construir un estado independiente que, aunque dividido y supeditado a un juramento más nominal que efectivo, tal vez lograría con el tiempo reunificar el país y liberarse de cualquier imposición británica. La discrepancia devino en conflicto que se intensificó violentamente entre ambas facciones. El I.R.A. no aceptó el tratado y se inició una guerra fraticida que concluyó en 1923 con el triunfo de los partidarios del tratado. En 1937 se aprobó una constitución que regulaba el nuevo estado de Irlanda y la división de la isla entre Irlanda y el Reino Unido delimitado en el territorio del antiguo Ulster, ahora Irlanda del Norte. En 1948, dejada atrás la Segunda Guerra Mundial, se proclamó en el Sur, la República de Irlanda con una nueva constitución que la desvinculaba totalmente del Reino Unido y la Commonwealth.

En aquellos años, la República de Irlanda era una contraposición a la Irlanda del Norte, eran dos polos opuestos y dos realidades distintas dentro de la isla. El nuevo estado se encerró en sí mismo, sus trazos eran ultraconservadores y contrarios a cualquier reforma social, hallándose firmemente respaldado y a la vez condicionado por el poder de la iglesia católica con su tupido entramado parroquial en todo el país.

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