LA BATALLA DE LAS ARDENAS

EL PLAN DE HITLER


En el otoño de 1944, los Aliados se hallaban a las puertas de invadir el territorio alemán y marchar sobre la capital del Reich. Para preparar esa ofensiva se desplegaron en algunas de las localidades que salpican el extenso Bosque de Las Ardenas y sus inmediaciones, a la espera de la llegada de los adecuados suministros para el invierno, víveres y combustible procedente de la liberada región de Normandía. Hitler no tenía más opción que detener el avance aliado a toda costa; si lograba neutralizarlo y rechazarlo acaso podría negociar alguna forma de armisticio, rearmarse y concentrar toda su potencia en el complicadísimo frente del Este contra la Unión Soviética.

Pero a esas alturas del conflicto los alemanes ya daban claras muestras de un evidente desgaste. Llegados a ese punto, el alto mando alemán comprendió que no había más opción que detener a los Aliados y rechazarlos a su paso por Las Ardenas, de no hacerlo así Alemania sería invadida irremediablemente. De esta manera fue como se hizo imprescindible elaborar, a toda prisa, un plan para evitar tal peligro. Tras sopesar diversas propuestas, se desestimó la idea de un arriesgado choque frontal frente a un enemigo bien pertrechado y dotado de suministros, por el contrario, se urdió un plan para rodear a las tropas aliadas con el fin de aislarlas de su cabeza de mando con un objetivo clave: controlar firmemente los estratégicos puentes que cruzaban el río Mosa.

En esas circunstancias, los alemanes eran conscientes de que en esa confrontación habían importantes puntos que jugaban en su contra, como los suministros de combustible y munición y acaso por ello, una menor potencia de fuego. Para compensar todo eso y poder lograr su objetivo perpetraron un plan consistente en camuflar una unidad de choque con el atuendo y los vehículos propios del ejército norteamericano, con el propósito de crear la confusión del avance aliado y redireccionarlo en sentido disperso hasta dejarlo en una posición idónea para recibir el contraataque de un gran ejército alemán, que estaría dotado con medio millón de hombres. Mientras, esa fuerza vestida con uniformes norteamericanos y empleando armas, vehículos y material aliado explotaría el efecto sorpresa y de choque producido por la ruptura del frente, para avanzar hacia los puentes del Mosa como si fueran tropas americanas en retirada.

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