LOS NIBELUNGOS Y EL ORO DEL RHIN

LOS NIBELUNGOS Y EL ROMANTICISMO ALEMÁN


En el período comprendido entre 1815 a 1848, bajo la influencia del filósofo Hegel, nace una firme voluntad de hacer de Alemania una nación fuerte y unida. Posteriormente, el genio de Richard Wagner plasmará, a través de un sello propio místico y épico, una gran obra musical reinterpretando el mito bajo el epígrafe del Anillo de los Nibelungos en el que adaptó varias leyendas de tradición nórdica y también sajona.

Contaba 35 años cuando Wagner comenzó a desarrollar esa obra de tal envergadura que su trama devino en una colosal tragedia. De igual manera que ocurre en el teatro de cariz mistérico de la Grecia Clásica, Wagner construyó una representación teatral y simbólica donde el mismo espectador pueda verse reflejado en el rol de los actores, en sus aventuras y sufrimientos, ya que en definitiva, era una puesta en escena del papel que debe realizar el alma del ser humano en el transcurso de su propia vida y que en realidad, refleja el conocimiento resguardado en las doctrinas herederas de antiguas civilizaciones que se pierden en la noche de los tiempos. Así, Wagner afirma: “En el teatro se halla la semilla y el núcleo espiritual de toda cultura nacional poética y ética; ninguna otra rama artística puede florecer verdaderamente, ni menos cooperar a la educación del pueblo, en tanto que no se haya reconocido y garantizado el omnipotente auxilio del teatro. En éste, el hombre entero, con sus más altas y bajas pasiones, se ve colocado en terrible desnudez ante sí mismo…

Los cuatro dramas del Anillo de los Nibelungos se representaban en cuatro jornadas consecutivas: La primera, a modo de introducción era El Oro del Rhin; la segunda jornada estaba dedicada a la figura de la valquiria, el tercer día se representaba la figura del héroe Sigfrido y finalmente, el cuarto día, como colofón y epílogo era El Ocaso de los Dioses.

Para llevar a cabo su sueño, Wagner mandó construir un edificio singular: el Teatro de Bayreuth, situado en plena Selva Negra como si fuese un santuario aislado del mundo. En Bayreuth se crearon unas condiciones cuyo objetivo era que nada pudiera perturbar la atención del espectador, de manera que pudiese permanecer cómodamente sentado durante horas, totalmente aislado del exterior y concentrado en el drama operístico que se representaba. Bayreuth fue y ha sido un verdadero desafío al espacio y tiempo físico donde los efectos especiales hacían posible aquello que parecía imposible.

A través de la obra de Wagner, la figura de Siegfried se nos presenta como el hombre libre y héroe, fundador de la nación germánica, siendo el fruto de un amor pasional entre hermanos (ver semejanzas entre Adán y Eva). Toda la creación operística y literaria del compositor se halla impregnada por el dualismo, mediante el cual es posible la existencia de todo cuanto es creado ya que es el emblema de los Dióscuros, el día y la noche, la luz y la oscuridad, siendo así creadas las parejas inmortales de Tristán e Isolda, Lohengrin y Elsa, Parsifal y Kundry, Sigfrido y Brunilda.

Sigfrido, sin temor alguno, atraviesa la cortina de fuego y dando un beso a la valkiria, la despierta de su sueño, tal como ocurre con Blancanieves, personificación del alma, la cual es despertada de su letargo por el beso del príncipe que representa al espíritu vivificador. En ese idilio, Wagner se expresó así: “Todo es experiencia. Sigfrido sólo no puede ser el hombre perfecto ya que únicamente con su unión con Brunilda alcanza a ser un redentor. Así, uno sólo no lo puede hacer todo ya que necesita la contraparte y la mujer que padece y ofrece su ayuda en realidad es la verdadera redentora. El amor, en verdad, es en sí mismo el eterno femenino”.

En su ocaso, Sigfrido es llevado solemnemente en hombros mientras suena la llamada Marcha Fúnebre, que resulta ser realmente una marcha de triunfo sobre la misma muerte. De las cenizas se alza, a manera de Ave Fénix, la brillante promesa de un destino fructífero para el alma humana. En lo alto arde el Walhalla con las astillas del Fresno del Mundo y suena el canto de la redención por el amor. En la escena final, todo cuanto existe es reabsorbido por el agua y el agua, en definitiva es lo que la doctrina arcaica llama Pralaya o Período Cósmico de Reposo, que constantemente inicia un nuevo ciclo.

La antigua Burgunland o tierra de los burgundios, corresponde geográficamente, en cierta manera, a la actual Renania y Palatinado (Rheinland und Pfalz) siendo la ciudad de Worms la urbe de tan extraordinarios episodios al mismo tiempo que es considerada junto a Tréveris (Trier) y Colonia (Köln) como la ciudad más antigua de Alemania. Estas tierras pues bañadas por el Rhin y el Mosela, son hoy zona fronteriza franco-alemana que ya fue detentada por Carlomagno en el siglo IX, emperador y rey franco descendiente de aquel mítico rey Sigiberto, al que algunos historiadores creen reflejar el enigmático e histórico personaje llamado Siegbert o Siegdried, en definitiva, al mismo Sigfrido de la fantástica leyenda del Cantar de los Nibelungos.

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