LOS NIBELUNGOS Y EL ORO DEL RHIN

CLAVES PARA UNA INTERPRETACIÓN DEL MITO


¿Pueden tener algún tipo de vigencia los viejos mitos de la humanidad? Más allá de la expresión del filósofo alemán Nietzsche: “Dios ha muerto”, que enmarca una pugna existencial y psicológica para el ser humano de la posmodernidad y las diatribas dialécticas entre creyentes y ateos; los mitos pueden funcionar como un cordón umbilical para nuestro devenir existencial. Mientras Nietzsche avisó que con la implantación del moderno nihilismo las grandes masas sucumbirían ante un mundo amorfo y materialista, Jung nos habló de la permanente pugna interna en el ser humano entre su inconsciente compulsivo y el lento despertar del ego consciente.

En los libros sagrados de todas las religiones se reitera la idea de los ciclos. Cada ciclo, así como cada Era, requiere, para dar sus frutos positivos, de una fundación, un esquema, un módulo de experiencias a realizar, una ley. Todas las antiguas civilizaciones se originaron a partir de un héroe fundador, demostrando a través del don de la voluntad, que los sueños se pueden realizar si se tiene el valor para lograrlo. Como diría Aristóteles el héroe es, por lo tanto, es el elemento rejuvenecedor y enemigo del aletargamiento que mantiene vivo el mito del hombre ideal.

De tal manera, en la antigua mitología, el héroe se hacía natural transmisor de la sabiduría que in illo tempore recibió de sus antecesores divinos. Al tomar conciencia de su rol, llegaba para él la hora de intervenir. En el mito de Sigurd/Sigfrid el Anillo de Oro o Tesoro de los Nibelungos es una maldición para todo aquel que no fuese noble y puro. Otros ejemplos similares los encontramos en los conocidos relatos de los caballeros de la Tabla Redonda, los caballeros del Calmecac azteca, los Chelas tibetanos o los Bushi japoneses.

Es así como, simbólicamente, Sigurd/Sigfried necesita una espada para poder vencer al dragón que le cierra el camino que conduce al tesoro de oro, que en realidad es el oro filosofal, que simboliza los conocimientos secretos de la Naturaleza o el poder de la mente. Así el héroe, romperá una tras otra todas las espadas que le forja el mejor de los herreros-magos, Regin, hasta que, al fin, logra forjar el acero de Odín por sí mismo.

De la Edda entresacamos la idea de que los héroes participaban, de la gran batalla celeste dirigida por Odín y las deidades Ases contra los Vanes, representantes de las fuerzas caóticas. Así, los guerreros odínicos estaban inmersos en la iniciación que los hacía sabios e invencibles. Estas iniciaciones consistentes en despertar las fuerzas internas de la virilidad espiritual, se sintetizan en la figura del lobo (símbolo con el que se representa a Odín), cuyo comportamiento natural, por otra parte, es un perfecto ejemplo de custodio del ecosistema, al ser los lobos fieros con el enemigo y fraternales con los propios, estando siempre predispuestos para una constante acción.

Otros seres míticos que encarnan la sabiduría del alma son las valkirias, las vírgenes guerreras que acompañaban a los guerreros en las batallas y que en caso de muerte, los guiaban hasta el Walhalla o Paraíso. Sigurd o Sieg-frieden (Victoria-paz) va a la conquista de esa dama ideal, Brün-hilde (mujer con coraza), siguiendo los consejos de las aves, cuyo lenguaje aprende instantáneamente al beber la sangre del dragón. Los dos amantes, al encontrarse, declaran que el uno es el otro, y que donde esté uno estará el otro. Pasan tres noches juntos con la espada clavada entre ambos, símbolo de que su amor es de carácter celeste y sin ninguna connotación física.

La magnitud y riqueza simbólica que encontramos en estos relatos germánicos continúa en un sinfín de alegorías que pasamos a resumir; Odín representa la figura del maestro que pone las pruebas al mismo tiempo que acepta y recibe los pactos. Es el iniciado silencioso que guía las almas y disipa las sombras que surgen en el camino. La lucha con el dragón significa el paso decisivo para llegar a dominar el mundo psíquico del ser humano dominado permanentemente por el ego, de manera que, todo héroe que sea capaz de controlar ese impulso le reportará una poderosa fuerza a su favor.

En la espada Balmung (Curación) –asociándose al rayo que traspasa el cielo–, hallamos el arma que permite superar cualquier tipo de dificultad. Es un poder celestial que supera a la materia inerte y por eso fue clavada en el árbol cósmico –al igual que la espada Excalibur del rey Arturo, que a su vez fue clavada en una piedra cúbica–. Su verticalidad, al permanecer clavada, refleja el verdadero sendero del héroe que en realidad es su propia voluntad, siendo su resplandor la guía que brilla en la noche de los tiempos. En la Edda se dice: “Una sola espada de Odín es capaz de convertir la noche en día”.

Y finalmente, Sigurd, en el relato nórdico, resulta ser la síntesis de todas las pruebas a realizar. Por ello Sig-urd es el rayo-victorioso o espíritu al que nada se le puede oponer y que ilumina la fuente primigenia de las esencias (Urd, en la mitología odínica, es el devenir o el conocimiento de las causas). Así Sieg-Fried, tal como ya hemos comentado, es la victoria o la paz (sieg-frieden) del espíritu que permite vencer sobre los elementos disociativos del mundo material. Por tanto, el mito de Sigurd, el gran vencedor del dragón, resulta ser, en definitiva, el arquetipo del héroe que debe partir del camino interno de la propia ignorancia o mundo de las sombras, hacia el mundo de la plenitud o sabiduría que representa el conocimiento absoluto.

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