LOS NIBELUNGOS Y EL ORO DEL RHIN

LA MITOLOGÍA NÓRDICA Y LA TRADICIÓN GERMÁNICA


En el siglo XIII, el noble asociado a la corte noruega Snorri Sturluson, escribió un tratado en prosa de arte poética con diversas ilustraciones que será conocido con el nombre de Edda Menor. En este compendio del año 1220, el Skáldskaparmál (discurso de la formación de poetas), fija las normas a través de las cuales cualquier poeta podrá alcanzar una óptima formación en mitología antigua. A través de otra magna obra, la Edda Menor, Sturluson, que había estado varios años exiliado en Islandia, se nos muestra como una notable teólogo e investigador, pues en ella reúne y sistematiza los dispersos mitos paganos de la antigua tradición nórdico-germánica. A través de su obra, la cultura nórdico-germánica alcanza su cenit y máxima plenitud, al rescatar los antiguos tesoros del paganismo que, poco a poco, habían empezado a ser arrinconados por la firme implantación del cristianismo.

Posteriormente, en 1643, el tratado de Sturluson llegó a manos del obispo islandés Brynjof Sveinsson quien conjeturó que dicha obra en prosa podía fundamentarse en una anterior colección de poemas paganos que él asignó a un tal Saemund el Sabio, erudito y sacerdote islandés del siglo XII, que alcanzó notoriedad como hechicero y escritor en lengua latina de diversas obras extraídas de viejos relatos de sagas, surgidos entre los siglos IX y XII en Noruega, Islandia y Groenladia. El obispo Sveinsson les asignó el nombre de Edda Poética o Edda Mayor (Saemundar Edda) y a la obra de Sturluson como Edda Prosaica o Edda Menor (Snorra Edda).

No podemos pasar por alto la figura de Saxo Gramático, monje danés quién a inicios del siglo XIII escribió una historia de tamiz legendario acerca de los reyes de Dinamarca (Gesta Danorum). Mientras que Saxo Gramático fue el erudito que incluyó en su obra distintos relatos sobre la antigua religión pagana de sus antepasados, Snorri Sturluson fue el gran organizador de la antigua mitología nórdico-germánica. En ambas obras hay bastantes similitudes, pero también diferencias notables que han provocado muchas discusiones entre los eruditos por averiguar quien de los dos autores aporta mayor autenticidad en sus respectivos escritos.

En realidad, la práctica totalidad de la mitología germánica está contenida tanto en la Edda Mayor como en la Edda Menor, hecho que realza su verdadero valor histórico y etnográfico. Asimismo, en estas dos Eddas, los actuales territorios de Alemania e Inglaterra quedan integrados dentro del ámbito de la gran cultura germánica ya que, aparte de ciertos dioses comunes son los territorios escandinavos y, muy particularmente, los del ámbito noruego-islandés, los que aportan la mayoría de mitos. Así, en Islandia los relatos míticos procedían de la tradición oral ya que oír cuentos o narraciones mágicas era una de las actividades preferidas en las largas veladas nocturnas en los siglos IX y X. De tal manera, en los banquetes y festines eran los rapsodas quienes empezaron a crear estas epopeyas en prosa conocidas como las sagas, palabra reflejada en el verbo alemán zu sagen, en inglés to say (decir o referir). Aunque en el ámbito latino este mundo germánico se nos pueda presentar como bárbaro y extravagante comparado con los cultos meridionales de Italia o Provenza, sus extraños relatos y fantasiosas magias van a facilitar finalmente el nacimiento de estas insignes sagas.

De la trascripción de la saga oral a la escrita intervinieron algunos hechos significativos, como la implantación del cristianismo en esos territorios nórdicos a partir del Año Mil, lo que facilitó la penetración del latín y su singular caligrafía procedente de notables libros eclesiásticos. Antes de la implantación del latín, la escritura nórdico-germánica sólo era conocida a través de las enigmáticas runas, las cuales eran un coto privado de una élite de aristócratas, magos y chamanes que las usaban con finalidades preferentemente mágicas, mostrando un fiel reflejo del entramado religioso, cultural y militar de las sociedades germánicas, ya que la mayor parte de ellas han sido encontradas en lugares sacralizados. El fupark o sistema gráfico que las representa, comparte curiosa similitud con la escritura ogámica druídica.

Tal como expresaban los mitos, las runas procedían de Odín, dios por antonomasia de la clase militar germánica. Con el paso de los siglos, el uso de las runas variaba en función del ámbito donde eran utilizadas, así tanto aparecen en la cultura de los godos como en ámbito anglosajón, pero también en Francia y en zonas junto al Danubio; incluso, coexistiendo con la implantación del cristianismo.

La mitología germánica nos habla del Midgard, un recinto central circular donde habita la humanidad, rodeado por el Océano. En él, existen infinidad de peligros y al mismo tiempo, en alguna parte desconocida, está también ubicado el recinto de los dioses (Asgard) que es inaccesible para el ser humano. En la profundidad del Océano habita la Serpiente del Mundo y en el centro de la Tierra se encuentra el magnífico árbol cósmico Yggdrasil, que en la mitología nórdica conlleva el germen de su propia destrucción, siendo a su vez el guardián del mundo y los dioses, ya que en él se asentaban otros nueve mundos superpuestos. A sus pies surgía un manantial que era la fuente del saber custodiada por el gigante Mimir o Ymir.

También existe un recinto exterior y un enigmático país oculto, además de un espacio que es el que ocuparán los dioses del futuro después del Ragnarök (final o destino de los dioses y de las fuerzas cósmicas). En el Ragnarök se va a producir la inevitable confrontación entre las fuerzas del orden y las del caos, que han estado en constante equilibrio y conflicto, la mitología entera es el relato de esta lucha, a la que seguirá una destrucción total y un posterior renacimiento, una nueva Edad de Oro y la aparición de héroes como Sigurd/Siegfried, que mata al dragón Fafnir y se apodera del tesoro nibelungo.

En definitiva, la cosmogonía escandinava, considerada incluso más antigua que los textos de los Vedas de la India, abarca un sinfín de creencias y relatos compartidos por los pueblos germanos, siendo transmitida por vía oral a través de sus múltiples poesías conservadas en las sagas arcaicas. Éstas prevalecieron en la era vikinga, y su conocimiento pervivirá en las composiciones que actualmente definimos como Eddas Mayor y Menor y otros textos menores de carácter medieval escritos en plena época de la cristianización (la Saga de los Volsungos, la Saga de Thidrek, el Cantar de Hürnen Seyfrid…).

La cosmogonía nórdico-germánica nos da, en clave simbólica, interesantes significados de su micro y macrocosmos ya que el gigante Imir es la primigenia fuerza cósmica o primitiva materia orgánica de cuyos restos surgirán los elementos para crear el mundo; así de su sangre se forman mares y ríos, de sus huesos nacerán las montañas, de sus dientes los peñascos y las rocas, de sus cabello los árboles y de su cráneo la bóveda celeste; mientras que la morada terrestre se concibe como un anillo o disco flotante en la neblina del océano. El árbol mágico Yggdrasil es cuidado por tres doncellas que simbolizan el pasado, el presente y el futuro, así como la vida universal y de sus emanaciones se plasma el espíritu que vivifica todas las formas de la creación.

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