LOS NIBELUNGOS Y EL ORO DEL RHIN

EL MARCO HISTÓRICO DE LOS ANTIGUOS GERMANOS


Hacia el año 1700 a.C., durante la Edad de Bronce, el clima era mucho más templado que el actual y ello propició la intensificación de las relaciones comerciales entre el sur de Escandinavia (zonas costeras de Dinamarca, Suecia y Noruega), con las regiones septentrionales y centrales de Alemania y territorios mediterráneos.

Durante ese período es cuando hay que situar la probable llegada de ciertos pueblos indoeuropeos a las zonas norteñas del mar Báltico, por ser precursores se les puede llamar pregermanos, prebaltos, preeslavos... Cuando algunos de éstos se adentraron en la península escandinava se encontraron con los antiguos habitantes saami y fineses o lapones. La literatura medieval escandinava aún refleja estos contactos no siempre libres de conflictos, de manera que no hay que descartar que algunos rasgos típicos de la religión germánico-escandinava pudiesen proceder de ese prolongado encuentro.

Asimismo y a través de la lingüística, se pueden determinar tres grandes grupos constitutivos de la cultura germano-escandinava; el nórdico, compuesto por las lenguas escandinavas arcaicas y modernas, a destacar, el antiguo sistema rúnico de escritura cuyo alfabeto se conoce como fupark –nombre integrado por las seis primeras letras del sistema de signos–. Bajo el término runas se esconde un simbólico mundo de signos relacionado con el misterio y la magia, que fue utilizado como un recurso propicio para la invocación de fuerzas sobrenaturales.

El siguiente es el germánico-oriental o grupo del Oder-Vístula, constituido por varias tribus; vándalos, burgundios, gépidos, rugios, érulos, bastarnos, esciros y godos. Y finalmente, el germánico occidental en el que encontramos los grupos frisones, anglos, sajones, suevos, longobardos o francos entre otros. Curiosamente, se cree que, en realidad, el epígrafe germano procede de una nomenclatura de influencia celta.

La tradicional idea de estos pueblos como protagonistas de la invasión bélica de guerreros indoeuropeos ya no es absolutamente sostenible, ya que con toda probabilidad, todo ello haya que tamizarlo bajo el prisma más adecuado de una expansión gradual de pequeños grupos que iban configurando sucesivos y nuevos asentamientos en territorios nórdicos, cada vez más vastos pero fáciles de ocupar. Con el paso del tiempo, el resultado provocaría la creación de una identidad propia tanto en el ámbito lingüístico como en el cultural, que posteriormente identificamos como germánica. En resumen, podemos decir que los germanos pertenecen a la familia de los pueblos indoeuropeos que aparecieron a mediados del segundo milenio a.C., fusionándose con los pueblos asentados en territorios nórdicos y de otros llegados del este que fueron asumiendo una identidad consolidada y propia.

A partir del siglo VII a.C. la antigua religión, basada en los conceptos de la fertilidad y con predominio de divinidades femeninas denominadas Vanes, será sustituida por otra de carácter patriarcal conocida como Ases a través del mundo germánico meridional que fue extendiéndose hacia el norte, alterando los antiguos parámetros civilizados de la Edad del Bronce nórdico.

Posteriormente, el autor latino y romano Tácito nos describe la antigua Germania, a finales del siglo I, como un conjunto de territorios que él creía eran una vasta isla que abarcaba Escandinavia, las actuales Polonia, Alemania y Austria con una unidad de tradiciones, lenguas y mitologías afines aunque no constituyeran necesariamente una unidad política. Ulteriormente, con el paso de los años, la escisión lingüística entre los territorios nórdicos y de la Alemania meridional se hizo cada vez más notable. A pesar de que ambos territorios participaban de un mismo trasfondo mitológico que quedó más resguardado en ámbitos escandinavos como Islandia, donde el antiguo paganismo se conservó íntegro pese a una persistente e implacable penetración del cristianismo.

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