AER REDA O EL ZODÍACO DE RENNES-LE-CHÂTEAU

DESVELANDO EL MISTERIO


Llegados al final hay que retomar los planteamientos iniciales para intentar desvelar el misterio de Rennes-le-Château, punto mágico en la geografía sacra de la antigua Occitania y de la actual Francia. Ante todo, sólo con observar su orografía, veremos que de forma destacada sobresale la montaña llamada Bugarach, punto culminante del macizo de Les Corbières. Habitualmente se suele decir que el nombre de dicha montaña fue dado por cátaros orientales, llamados bogomilos o bougres. Averiguar su significado siempre ha resultado harto difícil. Quizás habría que plantear el posible origen de la raíz bu, propia de las antiguas lenguas indoeuropeas, que designa el arquetipo del buey o bovino sagrado como emblema solar. La desinencia arach evoca posibles connotaciones lunares.

Como curiosidad, podemos tener presente la similitud toponímica que pueda haber con la ciudad de Bukhara (epíteto procedente del iraní-sohgdiano buxarak que significa lugar afortunado), situada en Asia central y que se halla ubicada en la famosa Ruta de la Seda y que, en la actualidad es ciudad santa del Islam. Otra semejanza la hallamos en la ciudad de Pokhara en el Nepal, antesala de la cumbre sagrada del Machhapuchhare, cuya cumbre (6.993 mts.), jamás ha sido pisada por el ser humano. Otros enclaves de similar parecido etimológico y connotaciones montañosas son los llamados Pukará que en lengua quechua significan fortaleza, antiguos baluartes del altiplano andino situados en Peru, Ecuador, Chile y Argentina en base a las antiguas culturas precolombinas sudamericanas.

Otra curiosidad es que en Rennes-le-Château llegan a coincidir al mismo tiempo la Longitud (meridiano) de Paris y la Latitud (paralelo) de Santiago de Compostela, dos lugares con grandes connotaciones místicas. Por añadidura, la iglesia de Maria Magdalena forma parte de la iniciática ruta del el Camino Santiago o Ruta Jacobea en territorio francés. En realidad, el misterio de Rennes-le-Château se reafirma asimismo –en ámbitos herméticos–, por ser la otra cara o contrapartida de Paris, el primero situado en el sur occitano y el segundo situado en el norte del país galo, posiblemente conectado también con la encomienda templaria de Gisors.

Otro elemento curioso del misterio referido a Rennes-le-Château nos lo proporciona la figura del cura Henri Boudet, que vivió en la vecina localidad de Rennes-le-Bains, amigo personal del párroco Berenguer Saunière. Considerado un personaje erudito de su época, fue muy aficionado a las actividades arqueológicas. Curiosamente, destacó por llegar a ser el autor de un libro delirante titulado La vraie langue celtique et la cromleck de Rennes-les-Bains (La verdadera lengua céltica y el cromlech de Rennes-les-Bains).

El mencionado libro fue escrito en un tono inverosímil pero con un alto contenido críptico de índole geográfica, acompañado con ilustración de mapas locales de la zona que reforzaban la teoría del zodíaco de Aer Redha o woiuwre mística, ubicado en los aledaños de la comarca del Razés histórico y configurado a través de sus accidentes naturales con puntos nítidamente geográficos situados en Couiza, Esperaza, Cassaignes, Coustassa, Granés, Brenac, Quillan, Le Bezú y los inefables Rennes-le-Château y Rennes-le-Bains.

Llegados a este punto, falta averiguar la relación existente entre el mítico personaje cristiano de Maria Magdalena con Rennes-le-Château. Las claves de la respuesta nos vienen dadas por los mismos acontecimientos históricos. Cuando, en época carolingia, una primitiva iglesia fue edificada en Rennes-le-Château bajo la advocación de Maria Magadalena que en clave hermética del santoral judeo-cristiano, corresponde a la diosa Venus; en realidad la amante y penitente en busca del amor puro o del Cristo encarnado como sol central o logos solar.

Rastreando en mitología comparada es fácil adivinar cómo los nombres propios de los antiguos nobles occitanos-catalanes surgidos de los ancestrales linajes visigodos y nacidos en estas tierras de Carcasona y del Razés, conservaron la veneración por la diosa Venus germánica conocida como Frigg/Freya, y que se reflejó en los nombres de los condes Wi-fred (Guifré, mítico fundador de la nación catalana), Acfred, Unifred, Gausfred, Guiscafred, Sunifred, Onofred...

Con el paso del tiempo, todavía el recuerdo del misterio del antiguo Razés o Aer Rhedae se mantendrá vivo hasta el mismo siglo XVII, aunque de manera oculta, al promover Nicolas Pavillon, obispo de Alet-les-Bains, la hermética Sociedad del Santo Sacramento, conocida también como La cábala de los devotos, que decíase guardaba un importante secreto relacionado con el famoso cuadro del pintor Nicolas Poussin: Los pastores de Arcadia y su enigmático emblema Et in Arcadia Ego. En definitiva, dicha sociedad secreta resultaba ser la depositaria de ancestrales conocimientos detentados en la antigüedad por íberos, celtas, visigodos, merovingios, carolingios, cátaros y templarios.

Ir a capítulo:  Anterior  |  Siguiente