AER REDA O EL ZODÍACO DE RENNES-LE-CHÂTEAU

UNA HISTORIA MILENARIA


Este enclave entró en los anales históricos en pleno siglo V de nuestra era, época en la cual a los visigodos, como pueblo aliado de Roma, les fueron asignados diversos territorios que abarcaban Septimania, Languedoc y Aquitania. A partir de ese momento, con la llegada de la época medieval, Rennes-le-Château pasará a ser un importante oppidum o posición fortificada.

Con anterioridad se sabe de la existencia de tribus de procedencia íbera como fueron los actacinos, así como otros pueblos de origen celta que se asentaron sobre la actual comarca del Razés y su capital Rennes-le-Château, entorno al siglo V a.C. Es muy probable que la antigua tribu celta de los rhedones, mediante la designación latinizada de Redae o Rhedae diese nombre al actual enclave. Actualmente se especula si los antiguos rhedones pudieron ser una desmembración de la tribu de los redones que se afincó en el noroeste de Francia, en la actual Bretaña francesa, cuya capital es la ciudad de Rennes o, tal vez, de incierta procedencia desde tierras belgas.

Mucho se ha discernido sobre el origen de la antigua etimologia referida a Rhedae y algunos estudiosos han señalado, bajo el epíteto redae una posible referencia al concepto de carro (¿quizás una clara referencia a la Constelación de la Osa o el Carro?), o también al todavía más interesante de una antigua deidad celta, la serpiente alada o wouivre mística conocida como Aer Reda o Her Red.

A principios de la naciente Edad Media, en el año 507 el rey franco merovingio Clovis o Clodoveo venció al caudillo visigodo Alarico II, apoderándose de Tolosa de Languedoc y empujándolo hacia tierras hispánicas. Pero el enclave estratégico de Rennes-le-Château todavía se mantuvo bajo el poder visigodo. Con el paso de los años y la posterior invasión árabe, esta plaza estratégica pasó a formar parte del dominio carolingio tras la desaparición del anterior linaje merovingio.

Carlomagno impulsó la creación de los condados del Razés y Carcasona bajo el auspicio de la vieja nobleza goda, asentada ya como linaje autóctono catalano-occitano. Fue en esa misma época cuando el conde Bera I (el conde oso; epíteto derivado del germánico bear, latinizado como bera ¿Acaso el hijo de la Constelación de la Osa?) nacido en estas tierras, que con el paso del tiempo llegará a ser el primer conde de Barcelona, promoviendo, a partir del año 801, la creación de la Abadía de la cercana localidad de Alet-les-Bains.

Cuatro siglos más tarde, el movimiento gnóstico-dualista cátaro instalará su quinto y último obispado en tierras del Razés, con el objeto de expandir su religión hacia tierras catalanas, sin olvidar ciertas encomiendas templarias repartidas dentro de dicho territorio, entre las que destaca Le Bezu.

Llegado el momento crucial de la Cruzada Albigense contra el catarismo y la toma de la ciudadela de Carcasona, las tierras del Razés sufrirán la misma suerte al pasar a formar parte del dominio cruzado y de la corona francesa. Ello provocó la decadencia del enclave de Rennes-le-Château, pero como contrapartida motivará el apogeo de la singular Abadía de Alet-les-Bains (pagus electensis, traducible como enclave privilegiado, construida sobre las ruinas de un antiguo templo romanano dedicado a Diana). Con el paso de los siglos esta Abadía se constituiyó en catedral con categoría de sede arzobispal hermanada con Narbona, siendo su época dorada la presidida por el obispo Nicolás de Pavillón, y el enigmático Santuario de Notre Dame de Marceille de Limoux.

No será hasta finales del siglo XIX cuando el viejo enclave de Rennes-le-Château despertará de un largo olvido gracias a la curiosa figura del cura Berenguer Saunière que posibilitará la eclosión del famoso enigma.

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