TEÑIDORES DE FEZ

– y III –


Semi-sumergidos en un suerte de piscinas-tinaja, los hombres bregan con la pesadez de esas pieles cargadas de humedad y del olor que desprende todo el ámbito donde se desarrolla esta actividad. Se dice que hay niños que se encargan de hallar en la ciudad los suministros de heces y orines necesarios para que la tenería no se paralice y, llegados a este punto, por lo visto cualquier ser vivo que excrete, sólido y líquido, sirve para tal cometido. Otras explicaciones sugieren que el orín humano es especialmente apto, mientras que las heces de perro son las más apreciadas.

Este es una de las grandes sensaciones que percibe un olfato occidental cuando visita lugares como este, pero no hay duda que la sola idea de pensar en las condiciones de trabajo de estos teñidores de pieles es, probablemente, la sensación más impactante. De forma inevitable nos viene a la cabeza la idea de si uno de nosotros podría o se acostumbraría a una cotidianeidad como esta. No tengo ninguna duda, estoy seguro que sí, porque el ser humano en su afán de subsistencia en todas la épocas, territorios y condiciones ha vencido a lo largo de su historia dificultades casi sobrenaturales; dificultades que en ocasiones, han empezado con algo tan simple o rutinario como acudir cada día su trabajo.

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