EL CATARISMO

SIETE SIGLOS DESPUÉS

Cuando en Marzo de 1244 los cruzados rindieron el castillo de Montsegur, creyeron haber acabado con la herejía cátara; de facto, así fue pero a lo largo de los más de setecientos años transcurridos, la leyenda y el prestigio de los ‘bonshomes’ no ha hecho más que crecer y encumbrar su ideal místico, que ha ido resurgiendo de sus cenizas como un ave fénix a lo largo de los últimos siglos.


03.01.2009
Texto: JAUME CLUET
Fotos: JAUME CLUET/JOSEP Mª ROSELLÓ

Hasta hace apenas 30 años, Occitania y el Pirineo francés eran raramente frecuentados, y pocos podrían llegar a imaginar que un público tan extenso, como ocurre en la actualidad, fuera a recorrerlos. ¿Por qué ese interés colectivo en conocer el enigmático país cátaro? ¿Qué buscan quiénes lo visitan? ¿Percibir la esencia que inspiró hace siete siglos a los hombres del Amor Puro? ¿Rememorar los escenarios históricos donde tuvo lugar la sangrienta cruzada albigense? Con toda probabilidad, la inmensa mayoría de los visitantes se siente atraída por sus paisajes moteados de castillos desafiantes –auténticos nidos de águila– o por las encantadoras ciudades del Mediodía francés.

Hace más de cien años, en pleno siglo XIX, el poeta Napoleón Peyrat proclamó la antigua leyenda que señalaría el renacimiento del peculiar espíritu de estas ancestrales tierras llamadas d’Oc, 700 años después de los hechos que aquí acontecieron.

En efecto, esa leyenda profética llegó a cumplirse siete siglos después de la caída de Montsegur, ocurrida el 2 marzo de 1244. En los años treinta del pasado siglo, un colectivo denominado Los amigos de Montsegur y del Santo Graal, con nombres como Deodat Roché, Antoine Gadal, Maurice Magre o René Nelli suscitaron el redescubrimiento del catarismo. Ya en tiempo presente, los organismos estatales y locales de Francia han asumido definitivamente y con todo acierto este gran legado histórico.

Analicemos qué tipo de interés ha ido generando el catarismo a lo largo de los tiempos desde su caída. Curiosamente, los actuales teólogos, sociólogos, historiadores y filósofos se interrogan, al igual que hicieran los antiguos inquisidores y cronistas medievales, sobre el enigma que en sí representó la peculiar ideología cátara.

Veremos que su estudio parte de un hecho crucial: la controvertida cruzada albigense. A menudo, el estudio de dicha cruzada desplaza implícitamente a un segundo plano al movimiento cátaro en sí mismo. Apreciaremos además, como la percepción que se tiene del catarismo varía considerablemente a través de las diferentes épocas de la historia europea.

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