EL TÚMULO DE NEWGRANGE, BRÚ NA BÓINNE (IRLANDA)

La Era Megalítica encierra apasionantes misterios en la historia del hombre. Irlanda se nos muestra, como en tantos otros aspectos de su pasado, como un espacio sacralizado e inmortalizado por monumentos que los antiguos concibieron para que perduraran hasta el fin de los tiempos.


12.03.2009 Texto y fotos: JOSEP Mª ROSELLÓ

LOS POBLADORES DEL NEOLÍTICO

Hubo una época de la historia en que la humanidad expresó su espiritualidad a través de la piedra. Millones de toneladas fueron transportadas, decoradas, erguidas y en ocasiones ocultadas, con fines espirituales y místicos. Este inmenso trabajo que duró miles de años en todo el mundo, nos revela la desconcertante realidad de que aquellas ancestrales sociedades, poseían notables conocimientos astronómicos y de su entorno.

Hace unos 15.000 años, la mitad norte de Europa estaba inmersa en una era glaciar. Gran parte de ella se hallaba bajo una corteza de hielo; cuando el clima se suavizó los hielos se fundieron y hacia el año 10000 a.C., empezaron a retirarse y a dejar al descubierto entre otras, las tierras que hoy conocemos como Islas Británicas. En ese momento la región se hallaba unida por tierra al continente europeo. El panorama emergente, frío y desolado que debieron ofrecer aquellos parajes no debió ser grato para el desarrollo de la vida humana, pero sea como sea, los hombres entraron en ellos siguiendo los rebaños de animales.

A medida que el clima se fue suavizando se aceleró el proceso de deshielo de las masas de hielo del norte, provocando un considerable aumento del nivel del mar. Hacia el 7000 a.C., Gran Bretaña e Irlanda se habían convertido en islas, de esta forma aquellos pobladores quedaron escindidos de sus parientes continentales. Este factor les proporcionó siglos de aislamiento, pues ahora la región se había convertido en un conjunto de islas rodeadas de un turbulento mar que actuó como barrera natural durante un largo período.

Hace unos 6.000 años, una nueva sociedad y una nueva cultura se habían afianzado en Europa. Conocía el arte de tejer, atesoraba los primeros e incipientes conocimientos sobre metalurgia, manejaba rudimentos metálicos y eran, además de cazadores y recolectores, agricultores. Por esa época debieron acceder al conjunto de las Islas Británicas. Una cultura que legó desde el Mediterráneo al Báltico, sus característicos monumentos de piedra: los megalitos.

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