SADHUS DE LA INDIA Y EL NEPAL

TODO EL COLOR DE LA MÍSTICA

Peregrinos en busca de lo infinito, ascetas que caminan hacia la iluminación prescindiendo de todo aquello que es superfluo, abandonan el mundo material y los placeres mundanos en aras del ‘nirvana’.


14.03.2009 Texto y fotos: THOR JURODOVICH

LOS HOMBRES SANTOS DEL HINDUISMO

Los sadhus caminan, meditan y oran a lo largo y ancho de dos países, la India y Nepal, que guardan entre sus fronteras los secretos de hinduismo, una religión cuyas raíces se pierden en el tiempo. Millones de deidades conforman un panteón donde la magia y el misterio se unen para dar forma a un rompecabezas difícil de asimilar.

Desde hace miles de años, mucho antes de la era cristiana, antes de que Sidhartta Gautama dictara las bases del budismo, los sadhus, los hombres santos del hinduismo, ya recorrían los pedregosos caminos que surcan la India y se adentraban en las más altas montañas, meditando en las recónditas cuevas de la cordillera del Himalaya, buscando el camino de la iluminación.

Ver a un sadhu es hacer un viaje al pasado, su imagen es igual a la que hace siglos pudo ver Marco Polo u otros viajeros que no tuvieron la ocasión de pasar a los libros de historia. Los

hombres santos del hinduismo caminan cubiertos por túnicas de color anaranjado, o en algunos casos desnudos, cubren sus cuerpos con ceniza, mientras portan en su cuello o en las muñecas los símbolos que les ayudan en su periplo espiritual, algunos llevan un tridente, otros una vara, son símbolos en honor a sus dioses. Sus profundas y místicas miradas fluyen desde lo más profundo de sus almas, sus rostros, ajados por el sol y el viento, están enmarcados por largas y enmarañadas cabelleras que les otorgan un halo mágico e irreal.

En la frente llevan marcada la tilaka, el dibujo indicativo de la deidad que veneran, sea Siva, el destructor, Brahma, el creador o Visnú, el conservador, son los dioses que forman la trimurti, la trinidad divina del hinduismo.

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