STONEHENGE HOY

Caminar por Stonhenge es hacerlo por un mundo extinguido, olvidado en la desmemoria de nuestro pasado. Sin embargo, hoy resurge con más fuerza que nunca y sugestiona poderosamente a todo aquel que lo contempla


26.02.2009 Texto y fotos: JOSEP Mª ROSELLÓ

Condado de Wiltshire, sur de Inglaterra, a menos de 100 kilómetros al Oeste de Londres. Típico paisaje cretáceo inglés: hierba verde sobre roca calcárea blanca. Entre las suaves ondulaciones de la campiña inglesa, la carretera nos acerca paulatinamente al círculo megalítico de Stonhenge. Visto de lejos, se nos antoja compacto, abigarrado y desmantelado. Quizá lo imaginamos más gigantesco, pero cuando estamos frente a él, lo más cerca posible, la percepción cambia; lo que esperábamos grande y majestuoso, se torna en una sensación de extrañeza, como sucede con tantos otros megalitos.

Hace siglos que el significado de este círculo lítico cayó en el olvido. Tardó 1000 años en ser construido y quienes lo hicieron no nos han dejado ningún mensaje que podamos descifrar; por eso, aún no sabemos con certeza por qué existe, ni para qué sirvió. Pero acaso quienes construyeron Stonhenge y otros megalitos lo hicieron para desafiar el paso del tiempo y, en buena medida lo consiguieron.

Su nombre procede del inglés antiguo, una lengua germánica que cayó en desuso hace siglos. Las imágenes habituales de Stonhenge nos lo presentan bucólicamente enmarcado al despunte del amanecer o en la languidez del ocaso solar. Y sin embargo, la realidad actual de este círculo pétreo es distinta. Stonhenge es una obra humana y, por lo tanto, es como si formara parte de nosotros. Cada día del año está rodeado de cientos de personas que, sean quienes sean y vengan de donde vengan, también son Stonhenge y se identifican con lo que ven como si hubieran tomado parte en la obra. En realidad, es así, puesto que fueron nuestros antepasados quienes lo erigieron; humanos que tenían inquietudes, sentimientos, alegrías o temores, igual que los que nosotros tenemos. Sin duda, los turistas que lo contemplan se preguntan cuáles fueron los motivos que movieron a nuestros antepasados a erigir tan extraño y enigmático monumento.

Por ello, disociar las piedras de las personas o eliminarlas del encuadre fotográfico para el recuerdo del viaje, es negar la auténtica realidad de este monumento a día de hoy. Stonhenge llama con fuerza al millón de visitas que recibe anualmente y que anhelan contemplar esta obra que erigieron nuestros ancestros y, no en vano, es uno de los más conocidos iconos turísticos de la Gran Bretaña. Pero también es mucho más que eso. En realidad, es un llamamiento de nuestra propia memoria, aquella que ya hemos olvidado y que nos demuestra, una vez más, que el ser humano puede conseguir lo que se proponga. Contemplarlo es como viajar a las profundidades de nuestro propio subconsciente en busca de respuestas a nuestro comportamiento como sociedad en el pasado, acaso con la esperanza de que ello nos apunte un sutil atisbo de nuestro forma de ser actual, pero eso ya es pedirle mucho a estas antiguas y ajadas piedras.

Probablemente, ningún otro monumento ha estimulado tanto como éste la imaginación de los ingleses y por ello ningún otro ha sido tan profusamente excavado, estudiado y admirado en este país. En realidad se sabe muy poco sobre él, que casi es tanto, como reconocer que aun sabemos poco de nosotros mismos.

Su razón de ser es incierta y por ello no deja de intrigarnos las causas por las que quedó inconcluso y, por qué quienes emplearon tanto y tan desmedido esfuerzo en éste y otros edificios megalíticos acabaron por abandonarlos a su suerte y quizá así, pasaron página a sus creencias y tal vez a sus vidas.

Ir a capítulo:  Siguiente