PLOUMANAC'H

Y LA COSTA DEL GRANITO ROSA

En la costa norte de Bretaña se encuentra uno de los espacios naturales más singulares de Francia. La Naturaleza ha conjugado formas y colores que, como si de un onírico sueño se tratara, nos llevan a disfrutar de un paraje casi surrealista


09.02.2009 Texto y fotos: JOSEP Mª ROSELLÓ

Las aguas del canal de la Mancha y el viento armado han sido los artistas que han moldeado esta parte de la costa bretona que se adentra en el mar. Entre las turísticas localidades de Ploumanac’h y Perros-Guirec, surge un tramo de beta granítica de unos seis kilómetros de longitud y un grosor de unos 5.000 metros por debajo de la superficie. La principal característica de esta beta metamórfica es su color rosado. Estas rocas fueron aquí depositadas hace unos 300 millones de años, cifra de vértigo a escala humana pero normal en términos geológicos.

En el departamento bretón de las Cotes d'Armor, encontramos este espacio evocador, conocido como la Costa de Granito Rosa, que podemos recorrer a través de los senderos de la llamada Ruta de los Faros de unos seis kilómetros, distancia que separa las citadas poblaciones de Ploumanac’h y Perros-Guirec. Esta costa es en sí un espectáculo que se realza al atardecer, cuando el Sol en declive enciende, literalmente, el sonrosado color de estas rocas. Es en ese momento cuando el rosa se torna fulgurante y las caprichosas formas de los bloques yacentes o de las que emergen del suelo o del mar, se recortan contra los azules marino y celeste, entre los moteados de acres y verdes de la tierra y la vegetación.

Caminar entre estos bloques en equilibrio a esa hora del día, es como hacerlo a través de una ensoñación, que en ocasiones se confunde con lo que podría ser un decorado; sin embargo es real y no hace sino confirmar que la Bretaña francesa es uno de esos territorios mágicos, donde la piedra adquiere un protagonismo inusual. Si su costa Norte alberga espacios como éste, la costa Sur nos deparará enigmáticas sorpresas, como las gigantescas piedras que durante el Neolítico erigieron sus antiguos habitantes en forma de dólmenes, menhires y túmulos, algunos de ellos de tales proporciones, que se diría que fueron construidos por gigantes. Y es que en Bretaña la piedra manufacturada por el hombre o moldeada por la naturaleza, adquiere un singularidad fascinante.

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