BULGARIA Y LOS TRACIOS

4/ REESCRIBIENDO LA HISTORIA


Debido a lo pretérito de la formación de una destacada sociedad y cultura tracia en la actual Bulgaria, esta cuestión, junto a la anteriormente mencionada de los dioses Dionisos y Orfeo, es la que está suscitando nuevas lecturas de la historia que afectan a nuestro continente; más si cabe, cuando la creencia generalizada era que la tracia, era una sociedad tribal y atrasada, sin más inquietudes que guerrear entre sí y sin otra aspiración y vocación que ofrecerse como mercenarios a cualquier ejército extranjero.

Recientes descubrimientos no desmienten estas últimas realidades, pero dejan bien a las claras que la sociedad tracia tuvo su propio esplendor cultural, mucho más acentuado de lo que hasta ahora se sabía y se creía y en ningún caso, nada desdeñable respecto a la de otros pueblos que evolucionaron en Europa durante los 1.000 años anteriores a la llegada del cristianismo.

Otros indicios arqueológicos resultan igualmente sorprendentes y confirman lo anteriormente expuesto al observar aspectos relevantes, como es el caso de las coincidencias arquitectónicas que se dan respecto a otra cultura, que hasta ahora ostentaba el título de ser la más antigua de la Europa continental a cargo de los primeros griegos: Micenas.

De las construcciones tracias sólo nos han quedado sus tumbas, salvaguardadas bajo los 17.000 túmulos de tierra y piedras que jalonan el país. Gracias a la configuración constructiva que presentan estas tumbas-santuario, se ha podido establecer que el estilo constructivo micénico y tracio coinciden en muchas de ellas, lo cual suscita un enorme interés entre los estudiosos hasta el punto de que hoy ya se habla de un nuevo concepto helénico-tracio. Las semejanzas no acaban aquí, puesto que unos y otros elaboraron impresionantes joyas en oro y plata, muy emparentadas en su aspecto en las formas de fíbulas, ritones, bandejas y otro tipo de enseres convertidos en joyas, en los cuales el oro tuvo un papel destacado. Uno de esos puntos de coincidencia se manifiesta en las máscaras funerarias de oro que honraban y ornaban la memoria de los reyes difuntos. La más conocida es la Máscara de Agamenón, rey de Micenas, con una antigüedad estimada de unos 3.500 años. La réplica tracia la encontramos en la impresionante máscara del rey tracio Seutes III, solo que ésta dobla en grosor y peso a la anterior, pero en cuanto a la intencionalidad, estilo y efecto de su factura, a nadie escapa la semejanza entre ambas.

Tras estas constataciones se suscitan nuevos interrogantes: ¿Hasta qué punto estaban emparentadas la cultura tracia y la micénica? ¿Constituyó la cultura tracia una de las fuentes de la que bebió la primitiva cultura griega durante su proceso de formación? De ser así, la cultura tracia se postula como un nuevo estrato histórico a tener muy en cuenta. Probablemente, de un nivel cultural contemporáneo al micénico, por eso ya se postula al territorio búlgaro como una de las cunas de la primera civilización de Occidente.

Solo el tiempo se encargará de ofrecer la respuesta a tan novedosas propuestas y nuevos postulados que, sin duda, merecerán la atención de historiadores e interesados en la materia, pues tal vez un futuro no muy lejano nos depare nuevos y sorprendentes planteamientos y lecturas de la historia.

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