BULGARIA Y LOS TRACIOS

2/ PRIMERAS RESEÑAS


La historia describe como tracias a las tribus que se asentaron en el actual territorio que hoy ocupa Bulgaria y espacios colindantes de Serbia, Rumanía, Macedonia, Norte de Grecia, Turquía Europea y parte de Albania. Las fuentes más antiguas que nos informan sobre alguno de los rasgos identitarios de este pueblo, nos vienen dados de la mano de Herodoto, que durante siglos ha constituido una fuente reconocida para explicar buena parte de la historia de muchos pueblos de la Antigüedad. También los tracios protagonizaron su espacio en las crónicas de Herodoto.

Pero el hecho de que fuera un hombre de cultura griega quien emitió las primeras reseñas históricas de los tracios, ya nos indica que éstas, quedaron sometidas a la inevitable óptica helenocéntrica que, en mayor o menor medida, condiciona la precisión e intencionalidad de las mismas. Pero Herodoto no conculcó aspectos notorios de los tracios. Así, estableció una curiosa comparación al reconocer al tracio como un pueblo muy numeroso: «El más numeroso de la Tierra después del hindú...»; pero también los describió como tribales, beligerantes y anárquicos. Menospreciaban la muerte y, si ésta sobrevenía en combate, resultaba ser el pasaporte idóneo para reunirse con el reconfortante Orfeo o poder asistir a los lujuriosos ágapes de Dionisos en la otra vida, que ellos consideraban la auténtica y eterna. Homero los ensalza en La Ilíada cuando sitúa a un contingente tracio en la defensa de la asediada Troya. Ya en esta obra se habla de ellos como un pueblo fiero, muy predispuesto para la guerra, admirado por sus espléndidas armas y sus magníficos caballos.

En un determinado episodio, el tracio rey Resos desprecia tanto el peligro, que todas las noches duerme desafiante en el exterior de las murallas troyanas, una osadía que, lógicamente, acabó por costarle la vida por más tracio que fuera. El caballo de éste rey –nos describe Homero–, "...es el que cabalgaría un dios y las armas que blande refulgen de tal forma que el enemigo se amedrenta y espanta ante su sola visión". Esa es la descripción que aparece en La Ilíada, un narración épica griega que ensalzaba la fiereza de los enemigos para mayor gloria de las gestas griegas, al derrotar a seres casi sobrenaturales.

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